17 de març de 2009

Las personas son diferentes, al igual que sus culturas
De Shirin Ebadi, Premio Nobel de la Paz 2003

Las personas son diferentes, al igual que sus culturas.
Las personas viven de diferentes formas y por igual difieren las civilizaciones.
Las personas se comunican en una variedad de lenguas.
Las personas se rigen por diferentes religiones.
Las personas llegan al mundo de diferentes colores y son muchas las tradiciones que matizan sus vidas con diversos tintes y tonalidades.
Las personas se visten de maneras diferentes y se adaptan a su entorno de diversas formas.
Las personas se expresan de manera diferente y asimismo su música, su literatura y su arte reflejan modos diferentes.
Pero a pesar de estas diferencias, todas las personas tienen un único atributo en común: todas ellas son seres humanos, nada menos, nada más.
Y no importa cuán diferentes sean, todas las culturas comparten algunos principios:
Ninguna cultura tolera la explotación de los seres humanos.
Ninguna religión permite la matanza de inocentes.
Ninguna civilización acepta la violencia o el terror.
La tortura es aborrecible para la conciencia humana.
La brutalidad y la crueldad son detestables en cualquier tradición.
Dicho más escuetamente, estos principios compartidos por todas las civilizaciones reflejan nuestros derechos humanos básicos. Estos derechos son atesorados y cuidados por todos, en todas partes.
Así, la relatividad cultural no se debería utilizar nunca como pretexto para violar los derechos humanos, puesto que estos derechos simbolizan los valores más fundamentales de las civilizaciones humanas.

(Tomado de PNUD, Informe de Desarrollo Humano 2004: La libertad cultural en el mundo diverso de hoy, pp. 23)